¿QUÉ ES?
Es un cambio en el pH de agua atmosférica y de las precipitaciones, principalmente lluvia, que a partir de ella se producen. Afecta a la fase aérea del ciclo del agua y, por tanto, es a la vez una de las principales formas de contaminación atmosférica más relevantes, junto con el efecto invernadero y la disminución de la capa de ozono. es un cambio de origen antropogénico principalmente y de amplias consecuencias ambientales. Fue estudiada por primera vez por Roberth August Smith en 1872, al estudiar la relación del aumento de la acidez en las lluvias de la región de Manchester y la contaminación industrial que la ciudad sufría.
¿CÓMO SE FORMA?
La lluvia ácida es un fenómeno íntimamente relacionado con el hombre. El quemar combustibles fósiles, como el carbón y el aceite, en las plantas productoras de energía y la liberación de sulfuro en el ambiente por las industrias, combinado con el oxígeno existente, forman dióxido sulfuroso (SO2).
También las emisiones de los automóviles causan la formación de óxidos de nitrógeno en el aire. Partiendo de éstos gases, ácido sulfúrico y ácido nítrico pueden formarse y disolverse en el vapor de agua existente en el aire. Aunque los gases de la lluvia ácida pueden originarse en áreas urbanas, también pueden ser acarreados por los vientos a cientos de kilómetros de distancia y legas hasta las áreas rurales. Ésta es la razón por qué los bosques y lagos en el campo pueden dañarse debido a la lluvia ácida que se origina en las ciudades.
CONSECUENCIAS AMBIENTALES
La lluvia ácida tiene muchas consecuencias nocivas para el
entorno, pero sin lugar a dudas, el efecto de mayor insidia lo tiene sobre los
lagos, ríos, arroyos, pantanos y otros medios acuáticos. La lluvia ácida eleva
el nivel acídico en los acuíferos, lo que posibilita la absorción de aluminio
que se transfiere, a su vez, desde las tierras de labranza a los lagos y ríos.
Esta combinación incrementa la toxicidad de las aguas para los cangrejos de
río, mejillones, peces y otros animales acuáticos.
Algunas especies pueden tolerar las aguas acídicas mejor que
otras. Sin embargo, en un ecosistema interconectado, lo que afecta a algunas
especies, con el tiempo acaba afectando a muchas más a través de la cadena
alimentaria, incluso a especies no acuáticas como los pájaros.
La lluvia ácida también contamina selvas y bosques,
especialmente los situados a mayor altitud. Esta precipitación nociva roba los
nutrientes esenciales del suelo a la vez que libera aluminio, lo que dificulta
la absorción del agua por parte de los árboles. Los ácidos también dañan las
agujas de las coníferas y las hojas de los árboles.
Los efectos de la lluvia ácida, en combinación con otros agentes
agresivos para el medio ambiente, reduce la resistencia de los árboles y plantas
a las bajas temperaturas, la acción de insectos y las enfermedades. Los
contaminantes también pueden inhibir la capacidad arbórea de reproducirse.
Algunas tierras tienen una mayor capacidad que otras para neutralizar los
ácidos. En aquellas áreas en las que la «capacidad amortiguadora» del suelo es
menor, los efectos nocivos de la lluvia ácida son significativamente mayores.
La única forma de luchar contra la lluvia ácida es reducir las
emisiones de los contaminantes que la originan. Esto significa disminuir el
consumo de combustibles fósiles. Muchos gobiernos han intentado frenar las
emisiones mediante la limpieza de chimeneas industriales y la promoción de
combustibles alternativos. Estos esfuerzos han obtenido resultados
ambivalentes. Si pudiéramos detener la lluvia ácida hoy mismo, tendrían que
transcurrir muchos años para que los terribles efectos que ésta genera
desaparecieran.
El
hombre puede prevenir la lluvia ácida mediante el ahorro de energía. Mientras
menos electricidad se consuma en los hogares, menos químicos emitirán las
centrales. Los automóviles también consumen ingentes cantidades de combustible
fósil, por lo que los motoristas pueden reducir las emisiones nocivas al usar
el transporte público, vehículos con alta ocupación, bicicletas o caminar
siempre que sea posible.
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